Cover-ups: qué se tapa y qué no
Tapar un tatuaje no es pintar encima. Es diseñar una pieza nueva que use la vieja como sombra. Y hay tinta que no se tapa: se quita primero.

La regla del negro
Lo claro no tapa lo oscuro. Nunca. La pieza nueva tiene que ser más oscura y más grande que la vieja, normalmente el doble o el triple de superficie. Si alguien te promete tapar un tribal negro con un diseño pequeño y suave, te está vendiendo humo.
Lo que tapamos sin problema
Lettering fino, nombres, líneas sueltas, tatuajes viejos ya difuminados y trabajos pequeños en negro claro. Ahí entra bien un realismo con sombras, un blackwork denso o una pieza ornamental. Un león, un samurái o una manga floral tapan muchísimo porque tienen masa oscura donde hace falta.
Lo que pide láser antes
Bloques de negro sólido, tribales grandes de los noventa, tinta muy saturada en mano, dedos o cuello. Con tres a cinco sesiones de láser se aclara lo suficiente para que luego el cover-up tenga libertad de diseño en vez de ser un parche. El láser no lo hacemos aquí, pero te decimos con sinceridad si lo necesitas.
Cómo va la cita
Pásate por el estudio con la zona a la vista, sin cita. Lo miramos, te decimos qué es realista y dibujamos la propuesta sobre la piel con rotulador antes de tocar nada. Un cover-up medio va de 350 a 600 euros y sale en dos o tres sesiones, con tres o cuatro semanas de margen entre ellas.